La historia del Banco Alimentario, es la de sus voluntarios. Compartirlas, es crecer

 

Desde Bernal, Ensenada, Berisso o barrio ‘La loma’ viajan en auto, tren o colectivo hacia la calle 65 y 124 con el único fin de “dar una mano” a los que más lo necesitan. ¿El modo? Siendo voluntarios de la Organización de la Sociedad Civil Banco Alimentario de La Plata, ayudando a organizar y recuperar las toneladas de alimentos que llegan todos los meses, donados por empresas o particulares, destinados a instituciones que brindan un servicio alimenticio a catorce mil niños de la región.

“Una hora, una hora y pico”, arriesga Alejandro sobre su viaje en auto hacia el BALP. Tres veces por semana, Alejandro Vázquez pone el despertador a las siete de la mañana, desayuna un yogurt rápido en el barrio Centro de Bernal y emprende su recorrido para llegar a colaborar con el Banco desde el comienzo de la jornada.

Pero este estudiante de 25 años, hasta febrero, no había encontrado alguna entidad que pueda encausar sus ganas. “Me costaba mucho encontrar un lugar con el cual comprometerme. Pero escuché, por medio de un amigo chileno, que existían los Bancos de Alimentos y me puse a buscar información sobre los que hay en Argentina. El que más me llamó la atención, fue el de La Plata”, recuerda sonriendo. Como voluntario regular, Vázquez asumió la responsabilidad de colaborar con el Área de Logística, aportando sus conocimientos para diagramar una cocina aún más efectiva en el procesamiento de alimentos del Proyecto PUPA, la firma distintiva del Banco platense.

Desde las 9 am, el proyecto PUPA del BALP está en movimiento. Laura va cortando y separando algunos trozos magullados de un zapallito, mientras explica que hacer voluntariado es una cuestión de compromiso. “Eso pensé a principio de año: si voy a colaborar, voy a sostener esa acción en el tiempo. Y ahí empecé a venir todos los viernes”, afirma la voluntaria platense de 46 años.

Para Laura Ferrarini, el “ser voluntario es contagioso”, porque desde que comenzó a colaborar cortando y procesando frutas y verduras para los Congelados  PUPA “varios me preguntan ¿hoy vas?, ¡voy con vos! Cuando conocen lo que se hace en el Banco, y a quiénes se ayuda, no lo dudan”.  Ferrarini, también es productora radial, cantante lírica y madre de cuatro hijos, por lo que hace hincapié en que “todo lo que hago, es más que nada por los chicos. Darles el ejemplo, para que tengan un espíritu solidario. Por eso, cuando pueden, vienen conmigo y armamos los mix de verduras, o la pulpa de tomate para congelar”.

Las ganas de ayudar en el Banco Alimentario “trasciende las generaciones”, afirma Alicia Mignone, cuidando de no distraerse de su tarea de clasificado de las carpetas con información sobre las más de 140 instituciones con las que colabora la entidad. “Yo quiero que se sepa que a mis 74 años, todavía puedo aportar desde mi lugar. Soy una maestra retirada, pero no me gusta quedarme en mi casa. Siendo voluntaria me siento productiva, además de la satisfacción de saber que mi tiempo se destina en ayudar a muchos chicos que concurren a estos comedores y copas de leche”, dice, sosteniendo una hoja con los datos de un merendero de la ciudad de Berisso.

Alicia espera que su ejemplo se multiplique y dé esperanza a otros, porque “a mi edad, mucha gente se siente sola o deja de sentirse útil. La solidaridad te ayuda a conocer personas y sobre todo, a ocupar tu tiempo en los demás y eso es –siempre- maravilloso”.

Laura, sumando nuevos voluntarios a la misión.

 

Alejandro, sosteniendo el cartel del voluntariado universitario.
SOBRA VOLUNTAD