“Si no era por el Banco no recibíamos nada”

Jaquelina, del comedor 30 de Octubre relata cómo, durante el temporal del 2 de abril, el barrio Villa Alba quedó rezagado y sobrevivió a las consecuencias de la inundación por la ayuda del Banco Alimentario.
El 30 de Octubre comenzó a funcionar en el año 1997. En 2002, a la miseria que ya existía desde hace años en el barrio, se le sumó la tragedia: por la zona pasó la cola de un tornado, dejando un sinfín de casas totalmente destruidas.
“En ese momento, tuvimos mucha gente evacuada dentro de nuestra institución durante varios días”, recuerda Jaquelina.
“En el mismo año, y por intermedio del Banco Alimentario, empezamos a conocer gente y a hacernos conocidos. Por lo que, desde la Municipalidad, nos avalaron para entrega de mercadería de alimentos secos y frescos una vez por semana”, agrega.
comedor 30 de octubre
Durante mucho tiempo, esa ayuda funcionó porque además, en el 30 de Octubre estaban trabajando también en el recupero de alimentos con empresas como Nini y Carrefour.
“Hacíamos reciclaje, el trabajo de recupero como lo hace el Banco. Poníamos todo en tachos grandotes y lo recuperábamos acá. Pero era complicado porque no teníamos mucha movilidad ni éramos muchos. Y después esa ayuda se cortó”.
Actualmente, el 30 de Octubre trabaja con 270 personas que reciben una cena diaria en el comedor.
“Y nosotros hoy, gracias a la ayuda del Banco, podemos hacer la comida todos los días”, afirma Jaquelina.
Además, recuerda que durante la inundación del pasado 2 de abril,  “si no hubiese sido por el Banco Alimentario nosotros no recibíamos ni siquiera agua. No venia nada ni nadie. Me acuerdo que hacía ya dos días que estábamos sin luz ni agua y hable con el padre Andrés desesperada. Después me llamó y me dijo que nosotros seríamos el núcleo del Banco Alimentario en el barrio. Trabajamos once días sin parar. Tenemos anotado que ayudamos a unas 1300 personas”.
comedor 30 octubre 2
Todos los lunes, Jaquelina retira del Banco Alimentario un pedido de frutas y verduras para el comedor.
“Nosotros siempre tuvimos frutas, verduras o algún postre, pero no nos alcanzaba para todos los días”.
Con respecto a la verdura, Jaquelina cuenta que tuvo que implementar un método de enseñanza para las madres que concurren al comedor.
Pero afirma que, además de retirar mercadería, aprende mucho del trabajo del Banco: “Uno aprende de ellos de la organización y cómo trabajan: desde una simple receta, para aprovechar, por ejemplo, los kiwis, hasta trabajar con la gente que va al comedor, ver que sea uso y no abuso, tener una orientación de a quién se está ayudando”.
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