Mujeres, españolas y voluntarias

 

La Casa Española de Mujeres nació en La Plata en el año 2004. Sus integrantes, se dedican a defender la cultura española en el país y perseguir fines sociales. Comenzaron a realizar acción social en una escuela de frontera.
“La primera que encontramos, la primera vez que fuimos a llevarle donaciones, fue tremendamente emocionante: en cuarenta años no habían tenido nunca una donación de nada y nosotras llegamos con un camión de media cuadra. Era una escuelita en Bernardo Irigoyen, Misiones, que es justo en el límite con Brasil, el único límite seco”, cuenta Graciela Renedo, presidenta de la institución.
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La acción se extendió por el resto de la tierra misionera y actualmente trabajan en Puerto Esperanza, Bernardo Irigoyen y Wanda, donde asisten a 1800 chicos con sus respectivas familias. Y cubren todas las necesidades: desde alimentos, que retiran cuando hay un excedente en el Banco Alimentario, “hasta colchones, frazadas, vajilla y libros”, cuenta Mirta Renedo, hermana de Graciela y tesorera de la institución.
“En Puerto Esperanza, con los libros que les llevamos, ya inauguraron nueve bibliotecas” , agrega Marta Gazzotto, secretaria de la Casa Española de Mujeres.
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Mirta y Graciela son hermanas. Conocieron sobre la existencia del Banco cuando hacían las veces de voluntarias en la maternidad del Policlínico, hace ya unos cuatro años.
“Nos enteramos que el Banco les facilitaba shampoo y otros elementos de higiene para tener para las mamás, que muchas veces iban sin nada. Empezamos a averiguar vinimos y nos enteramos de esto del voluntariado”, recuerda Graciela.
Desde entonces, se convirtieron en voluntarias y beneficiarias del Banco, que siempre les entrega mercadería excedente para que puedan llevar a las zonas marginales de Misiones.
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“Al voluntariado lo tomamos como un compromiso porque nos ayudamos mutuamente, tratamos de organizar el deposito, los pedidos. Estamos comprometidas porque ya vimos que el trabajo que se hace es bueno, que ayuda a la gente y que nosotras, a la vez, podemos también ayudar a la gente que ayudamos nosotros por medio del Banco. Es una ida y vuelta, todo en la vida es una ida y vuelta y como dice el refrán, lo que das te vuelve el doble. Aunque, a veces, nos va la vida con la ayuda social”, cuenta Mirta.
“Es la realidad”, asegura Marta, “somos personas mayores y hacemos lo que nos hace feliz. Y hacer acción social y venir al Banco, nos hace felices”.
“El hecho de acostarte y no necesitar una pastilla, dormir bien. Eso tiene que ver mucho con la tranquilidad de conciencia, con la relajación de decir: me acuesto y me relajo porque estuve todo el día trabajando para los demás”, concluye Graciela.
EL REMEDIO DE LA SOLIDARIDAD